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Artículo

30-05-2012

Profesor Dr. Victor Cinelli

Profesor Dr. Victor Cinelli

Mi papá, el Profesor Dr. Victor Cinelli

En estos momentos y a pesar de haber ya pasado ocho meses desde que no se encuentra a nuestro lado, parece que nunca se hubiese ido.

Lo sentimos cerca, en los pasillos, en su despacho, subiendo la escalera de la cátedra que lo albergó durante 55 años, sentado en su silla, en su escritorio, que aún hoy sigue siendo suyo porque en sus cajones, reposan todavía sus cosas.

Estas no son mis palabras; son las frases que a diario escucho, mientras camino por donde tantos años él mismo transitó. Las escucho de decenas de personas que se cruzaban a diario con él, quien con gesto amable saludaba y recibían sus cálidas palabras y su sonrisa, esa que no perdía ni en los enojos.

No voy a hablar de su trayectoria institucional ni docente; hablo como hija del “profe”, como se lo conocía o de “Coco”, como lo llamaban los más cercanos.
Todos, en la Facultad  de Medicina y no pocos en la Universidad de Córdoba, sabían a quien uno se refería cuando lo llamaban así.
Eso es un logro como ser humano que sobrepasa cualquier premio académico.
Es un premio a la esencia y valoriza su persona.

Dedicado a la medicina y a la docencia, pero profundamente humilde y sincero, ayudaba y apoyaba a todos sin distinguir su procedencia. Así desde docentes, altos funcionarios, hasta personal de ordenanza y cuidadores, todos afirmaron que fueron “iguales” cuando estaban con él.

El profe era aquel que te hacía los trámites para que no perdieras tiempo, que pagaba tus cuotas para que no te atrasaras, que prestaba sus libros para que dieras un buen examen o clase; que se quedaba hasta tarde con tal de que aprendieras; que podías llamarlo a su casa a cualquier hora; era el de la palmada amiga, del abrazo cálido, del consejo certero, justo e imparcial.

Su imparcialidad lo llevó a rechazar cargos políticos e institucionales porque la política no era para él. Esas renuncias le permitieron hablar y actuar sin ataduras de ninguna especie y ser respetado por todos.

Hoy soy yo, como hija, quien está tras sus pasos, como la primera mujer en el cargo de adjunta de la cátedra de Medicina Legal y Toxicología. Fui su última e impensada alegría. No pudo verme asumir, pero estoy donde él se sentaba, escribía, ejercía su docencia.

Se siente su presencia en la Cátedra,
se lo escucha cuando nos acercamos a su despacho; su aroma se percibe los días del postgrado y a la hora de retirarnos y cerrar, se escucha el click de su cajón, ese cajón al que le ponía llave antes de salir, siempre último, como el capitán de un barco.

El ya tiene su lugar y es la Cátedra; lo eligió y nos protege a todos como siempre.

Me toca a mí caminar su sendero mientras abro camino propio siguiendo su luz.

Algo ya he logrado: soy la Susy o la profe.

Los títulos son para la pared diría él y llevarlos encima hacen el camino muy pesado.

-Sabés algo papá? Seguís teniendo razón.

-Sabe algo profe?
Lo extrañamos todos.

Por Prof. Dra. Susana del Valle Cinelli



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